jueves, 10 de julio de 2008

NI VENCEDORES, NI VENCIDOS, SIEMPRE COMPAÑEROS


Los que se fueron, sin que lo echen, volvieron sin que los llamen.
Los que fueron sus enemigos, hoy son sus aliados.
Unos y otros sobreviven a través de tiempo.
Mientras tanto una doctrina se va esfumando.


El mensaje de despedida
Tres horas habían transcurrido desde que Perón se había dirigido al país por cadena nacional anunciando la posibilidad de presentar su renuncia a la presidencia de la Nación, ante la inutilidad de su sacrificio para pacificar la Argentina; y la Plaza de Mayo comenzaba a recibir trabajadores y militantes peronistas, que entonando estribillos acudían al histórico lugar a dar su apoyo al conductor.
Inconmensurable fue la cantidad de personas, que en cuestión de horas, se hallaban frente a la casa Rosada, la plaza se encontró rápidamente desbordada de manifestantes, y las columnas provenientes del gran Buenos Aires, no paraban de llegar.
El unisonó de la multitud aclamando por Perón, acompasado por el golpe de cientos de bombos como música de fondo, exigían la presencia de este. Alrededor de las 17 horas, el padre de la doctrina justicialista hace su presencia en el balcón y por los altavoces se escucha su voz, “Compañeros… Compañeros” y como quien recibe una indicación, un silencio inmediatamente se apodero del lugar.
“Compañeros, retempla mi espíritu estar en presencia de este pueblo que toma en sus manos la responsabilidad de defender la patria…”, de esta manera daba inicio a lo que sería su último discurso al pueblo argentino, hoy interpretado el mensaje como “su testamento”.
El discurso fue breve, principalmente encomió a los justicialistas, a que cada uno se transforme en un vigilante observador de los hechos, en especial sobre los que pretenden manejarnos con el engaño y la violencia; ser un realizador, pero también ha de ser un predicador y un agente de vigilancia y control para poder realizar la tarea, y neutralizar lo negativo que tienen los sectores que todavía no la han comprendido.
Sus palabras estremecieron por la crudeza inusitada a los presentes; la multitud en la Plaza acompañó cada frase en un silencio fantasmal; y al final de cada párrafo, como una horda desenfrenada, recién surgían los vítores de Perón, Perón.

Principio del final del Peronismo sin Perón.
El justicialismo de la doctrina, estaba con el destino marcado; en la calle, en la ruedas de café o en reuniones de la militancia se hablaba de la delicada y reservada salud de Perón; había dejado de ser un secreto de estado para instaurarse en la opinión pública.
Hacia poco tiempo, el 1º de Mayo, que durante su alocución a los trabajadores, había sido golpeado muy duramente en lo mas intimo de su ser, quedando seriamente resentido por su afección al corazón.
Perón habían sido defenestrado en su propia Plaza, los canticos de ¡Qué pasa, qué pasa, qué pasa, general, está lleno de gorilas el gobierno popular! - ¡Conformes, conformes, conformes, general, conformes los gorilas, el pueblo va a luchar! - ¡Se va a acabar, se va a acabar, la burocracia sindical!, le llevaron a enervarse hasta el punto de tildar aquellos que proferían esas consignas como “esos estúpidos que gritan”, y luego tratarlos de “imberbes”.
Montoneros y la Juventud Peronista fueron los responsables de todo lo acaecido durante esa jornada. No fueron únicamente canticos lo que Perón debió soportar; poco después de dar merito a las organizaciones sindicales, tuvo que ver con sus propios ojos como prácticamente la mitad de la Plaza de Mayo se retiraba provocando disturbios y destrozos; eran columnas montoneras y de JP las que dejaban el vacio.
Ese golpe final no lo pudo superar. El mediodía del 1º de julio, la llama se apago, poco a poco el cuerpo del viejo caudillo fue quedandose rígido y frio, igual situación comenzaba a vivir el país cuando recibió la lúgubre información.
Aquella tarde del 12 de junio ha quedado plasmada en la historia como el último adiós a su pueblo, se llevó gravado en sus oídos la más maravillosa música que, para el siempre fue, la palabra del pueblo argentino.


En defensa de las organizaciones sindicales

Penosos veintiún años, separaban en el tiempo en que desde el mismo balcón Perón, se había dirigido a los trabajadores un 1º de mayo.
Ese día, al igual que aquel del pasado, también era un día luminoso.
En aquel entonces les había recomendado que ajustasen sus organizaciones, porque venían días difíciles. Hoy daba cuenta que no se había equivocado, ni en la apreciación de los días que venían, ni en la calidad de las organizaciones sindicales, por lo que esa nueva reunión del Día del Trabajador fuese para rendir homenaje a esas organizaciones y a esos dirigentes sabios y prudentes que han mantenido su fuerza orgánica, y han visto caer a sus dirigentes asesinados. La clase trabajadora argentina, como columna vertebral de nuestro movimiento, es la que ha de llevar adelante los estandartes de nuestra lucha y que cada uno ocupe el lugar que corresponde.
Perón siempre defendió las organizaciones sindicales, aunque esa fuerza orgánica no siempre respondió acorde a las necesidades del país, respondiendo muchas veces a sus propios intereses sectoriales y económicos.

El revés de las organizaciones
Hoy advertimos como esas organizaciones sindicales, apoderadas de la mística peronista, ponen como fondo de telón, fotos de Perón y Eva en actos, plenarios o ante cualquier evento, y posan orgullosamente para la fotografía junto a los que aquel 1º de Mayo de 1974 defenestraron y provocaron un cisma en el movimiento; y por que no deslizar, por todos los hechos provocados por estas organizaciones, responsables de la aceleración del deceso del Gral. Juan Domingo Perón.
El único heredero es el Pueblo, y de las filas del pueblo nacerá el conductor que reorganizara el Justicialismo basado en la doctrina, tal cual fue el legado de Perón.
Intereses mezquinos y personales hacen que no exista dentro de toda la dirigencia actual, la persona que pueda ocupar el lugar vacante que dejo Perón.

Daniel Dante Rampi
cafecalu@hotmail.com