
Cumpliendo con el mandato recibido del General Perón.
Por Ramón Landajo
Un hombre de Perón.
Por Ramón Landajo
Un hombre de Perón.

Muchos han escrito sobre aquella Revolución. De todos ellos, ¿quién se ha ajustado a la verdad?...El coronel Juan Domingo Perón, uno de sus gestores, el más importante, supo responder a muchas inquietudes periodísticas, una de ellas, a las formuladas por un colega del diario “El Mercurio” de Santiago de Chile.
Dando respuesta a la pregunta sobre el significado de aquella Revolución, dijo:
“Nuestro Movimiento es esencialmente espiritualista. Todos los oficiales que desempeñamos puestos civiles percibimos solamente el sueldo militar y hemos renunciado a toda otra remuneración. Yo personalmente, soy sindicalista por antonomasia, y como tal, anticomunista, pero creo que debe organizarse el trabajo en forma sindical, de modo que el trabajador, y no los dirigentes agitadores, sean los que realmente aprovechen los mayores beneficios del esfuerzo que hace. Por esto le doy importancia trascendental al Departamento Nacional del Trabajo, que he tomado a mi cargo, y que estimo debe ser organizado como un ministerio, lo que se hará tan pronto sea factible. Por ahora, ante la situación de hecho en que nos encontramos, he impartido al Departamento una organización que responde a las finalidades mismas que se persiguen para mejorar la condición de vida de los trabajadores, sin que se tolere que prospere ningún conflicto de orden social. Así, en pocos días que estoy allí he podido dar término a conflictos que se arrastraban por algunos años. No voy a aceptar que se mantengan dificultades en el orden del trabajo, y mediante soluciones transaccionales con los patrones y por medio de comisiones paritarias mixtas, estoy dispuesto a terminar con toda posible dificultad en el desenvolvimiento del trabajo en el país”.
Dando respuesta a la pregunta sobre el significado de aquella Revolución, dijo:
“Nuestro Movimiento es esencialmente espiritualista. Todos los oficiales que desempeñamos puestos civiles percibimos solamente el sueldo militar y hemos renunciado a toda otra remuneración. Yo personalmente, soy sindicalista por antonomasia, y como tal, anticomunista, pero creo que debe organizarse el trabajo en forma sindical, de modo que el trabajador, y no los dirigentes agitadores, sean los que realmente aprovechen los mayores beneficios del esfuerzo que hace. Por esto le doy importancia trascendental al Departamento Nacional del Trabajo, que he tomado a mi cargo, y que estimo debe ser organizado como un ministerio, lo que se hará tan pronto sea factible. Por ahora, ante la situación de hecho en que nos encontramos, he impartido al Departamento una organización que responde a las finalidades mismas que se persiguen para mejorar la condición de vida de los trabajadores, sin que se tolere que prospere ningún conflicto de orden social. Así, en pocos días que estoy allí he podido dar término a conflictos que se arrastraban por algunos años. No voy a aceptar que se mantengan dificultades en el orden del trabajo, y mediante soluciones transaccionales con los patrones y por medio de comisiones paritarias mixtas, estoy dispuesto a terminar con toda posible dificultad en el desenvolvimiento del trabajo en el país”.
Hubo otro reportaje, donde un periodista, entre otros tantos, hizo una referencia concreta y quiso conocer cuál era el criterio del Gobierno de aquella Revolución que él, Juan Domingo Perón, encarnaba, en lo que respecta al estatuto electoral, que se encontraba en estudio.
Que dijo entonces, el coronel Perón:
“No sé si conocen la historia de la organización de los padrones argentinos. En la República Argentina hace cuarenta años (esto era 1943) que no se realiza un censo; en la República Argentina no existía Registro General de Personas; en la República Argentina no había un Consejo de Estadística. Las estadísticas eran parciales. Es decir que cada uno miraba por su propio agujerito el panorama estadigráfico del país. En esas condiciones no creo que pueda haber un solo padrón que no esté viciado, porque los padrones para que sean exactos y leales es necesario que tengan algún instrumento de control. Y si no hay un registro general de personas, si no existen estadísticas, no sé qué otro elemento de control pueda existir para, por lo menos, saber si lo que dice el censo es verdad para el proceso electoral. Y así tenemos nosotros muchos muertos que han votado y muchos “vivos” que no votan”.
“No sé si conocen la historia de la organización de los padrones argentinos. En la República Argentina hace cuarenta años (esto era 1943) que no se realiza un censo; en la República Argentina no existía Registro General de Personas; en la República Argentina no había un Consejo de Estadística. Las estadísticas eran parciales. Es decir que cada uno miraba por su propio agujerito el panorama estadigráfico del país. En esas condiciones no creo que pueda haber un solo padrón que no esté viciado, porque los padrones para que sean exactos y leales es necesario que tengan algún instrumento de control. Y si no hay un registro general de personas, si no existen estadísticas, no sé qué otro elemento de control pueda existir para, por lo menos, saber si lo que dice el censo es verdad para el proceso electoral. Y así tenemos nosotros muchos muertos que han votado y muchos “vivos” que no votan”.
A esa pregunta formulada por el periodista, suma otra: Pero hay “vivos” que votan por todos los muertos.
Responde Perón:
“Lo que nosotros queremos es restituir, dentro del concepto de purificar las verdaderas formas democráticas y cumplir la Constitución en todas sus partes y nuestras leyes, el elemento fundamental de la elección. Porque aquí lo representativo había pasado a ser una ficción en manos de los “vivos” que organizaban toda clase de operaciones electorales, dejándose de lado a los hombres que debían ejercer su derecho político”.
Pero, vayamos un poco a la situación del país, entonces.
Con la situación política metida en un callejón sin salida que satisficiera las mínimas aspiraciones del pueblo; con una situación social difícil, aun dentro del aparente panorama de bienestar, con la clase dirigente desconceptuada y desprestigiada, con los políticos comprobadamente delincuentes, la situación interna no podía ser, como lo es hoy, a sesenta y seis años, más desconsoladora.
Nada podía ser encarado en lo interno o en lo externo, mientras subsistía ese estado de cosas. La falta de capacidad y de honestidad de los hombres de aquella, como de la actual generación, imposibilitaba e imposibilita encarar toda solución dentro de un encauzamiento normal y racional. Sólo quedaba entonces, el recurso de un sacudimiento violento que permitiera descargar al país del remanente de tanta infamia.
Se imponía una solución política interna de extraordinaria revolución sobre los valores morales, intelectuales y materiales. Se imponía una solución social que pusiera a tono la extraordinaria riqueza de los menos con la no menos extraordinaria pobreza de los más. Por eso, se hizo aquella Revolución. ¿No estamos en iguales o peores condiciones y situación que entonces?
Nuestros hombres patriotas entendieron entonces que no podían errar, ni fracasar. ¿Qué harían en esta hora argentina, aquellos grandes hombres que supo alinear el Coronel Juan Domingo Perón, luego tres veces Presidente de la Nación Argentina?...
No podemos olvidar, ni desconocer aquello, que fue base de los diez más felices años con progreso y bienestar argentino. ¿Cómo aceptaría la ciudadanía, si hoy, surgiera un Movimiento Revolucionario, con aquel espíritu, contenido en sintética proclama que llevaría respuesta a la mayoría que reclama cambios?
“Las Fuerzas Armadas de la Nación, fieles y celosas guardianas del honor y tradiciones de la Patria, como asimismo del bienestar, los derechos y libertades del pueblo argentino, han venido observando silenciosa, pero muy atentamente las actividades y el desempeño de las autoridades superiores de la Nación.
Ha sido ingrata y dolorosa la comprobación. Se han defraudado las esperanzas de los argentinos, adoptando como sistema la venalidad, el fraude, el peculado y la corrupción.
Se ha llevado al pueblo al escepticismo y a la postración moral, desvinculándolo de la cosa pública, explotada en beneficio de siniestros personajes movidos por la más vil de las pasiones.
Dichas fuerzas, conscientes de la responsabilidad que asumen ante la historia y ante su pueblo, cuyo clamor ha llegado hasta los cuarteles, deciden cumplir con el deber de esta hora: que les impone salir en defensa de los sagrados intereses de la Patria.
La defensa de tales intereses impondrá abnegación de muchos, porque no hay gloria sin sacrificio.
Propugnamos la honradez administrativa, la unión de todos los argentinos, el castigo a los culpables y la restitución al Estado de todos los bienes mal habidos.
Sostenemos nuestras Instituciones y nuestras leyes, persuadidos de que no son ellas, sino los hombres quienes han delinquido en su aplicación.
Anhelamos firmemente la unidad del pueblo argentino, porque el Ejército de la Patria, que es el pueblo mismo, luchará por la solución de sus problemas y la restitución de derechos y garantías conculcados.
Lucharemos por mantener una real e integral soberanía de la Nación; por cumplir firmemente el mandato imperativo de su tradición histórica, por hacer efectiva una absoluta, verdadera y leal unión y colaboración americana y el cumplimiento de los pactos y compromisos internacionales.
La proclama fue difundida aquella mañana del 4 de junio de 1943. Terminaba una hora vergonzosa para la Argentina, y era el amanecer de diez años que fueron luego, los que gobernó aquel gran patriota, Juan Domingo Perón.
Aquella situación tiene cierto paralelismo con el estado actual de esta querida y vapuleada Argentina. Hemos perdido mucho, y han dejado huella de odios y revanchismo, quienes no entendieron o entienden, que la Nación que queremos, es aquella que tuvo en esos hombres de honor, el privilegio de marcar un camino. Argentino, Argentina: ¡Tomemos coraje y actuemos! Nuestro honor y dignidad así lo exige.